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Las fiestas de San Leonardo 2012 y sus olimpiadas

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Tengo una vena payasil e infantiloide que me encanta y que sin querer aflora cuando me siento agusto con un grupo de gente o en un entorno ideal. Cuando estos dos factores se unen el momento puede ser tan especial que pase a ser imborrable y puede lograr, al mismo tiempo, que todos los problemas desaparezcan de mi mente mientras dure. Pues bien hace un par de días he vivido uno de esos momentos. Una de l@s azafat@s Como muchos sabéis estuve trabajando y viviendo dos años en San Leonardo de Yagüe (Soria), villa de la cual ya soy profe adoptivo y a la cual asisto verano tras verano en estas fechas para las fiestas de la Magdalena. Tras dos días de cuentos ambientados y representados para niños y adultos, dos días de bailes populares y guitarras con cordaje de raquetas de tenis, tras dos días de comilonas en "familia" y flamenco soriano, tras dos días de mucha alegría y poco sueño, courrió lo que os voy a relatar. Tarde del lunes, después de una paella el sopor se a...

Fin de curso 11/12

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Acabaron las clases y las aulas vacías dejan un ambiente enrarecido en el instituto. No se oyen ya los gritos de los adolescentes que corren por los pasillos ni los ruidos y canciones que salen de sus teléfonos móviles. Sin embargo, la tranquilidad que se respira es tan bienvenida como las vacaciones que están a punto de comenzar. Es día de reclamación de notas y se nota que no hay chavales. Unos se atreven a vestir atuendos veraniegos como bermudas y chanclas luciendo pantorrillas peludas, suceso que no se daría ni por asomo en condiciones normales, y otras acortan sus faldas y alargan sus escotes, suceso que, por desgracia, alguna que otra viene realizando durante todo el año en cuanto aumenta un poco el calor. Hay quien no es consciente de su edad y se disfraza de alumna no sé si por empatizar mejor con ellas o por simple y puro afán de lucimiento. La mañana transcurre en la sala de profesores entre conversaciones distendidas sobre temas tan variopintos como el verano, la c...

La tormenta

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Llueve, y esta vez lo hace con violencia. Los goterones golpean con tanta fuerza las tejas y el vidrio del tragaluz que me sacan del profundo sueño en el que, al fin, había caído. Son las tres de la madrugada y a penas llevo acostado un par de horas. Resignado me levanto de la cama y justo antes de contactar con el interruptor un relámpago ilumina la habitación. El fogonazo ha sido potente, pero prácticamente al instante el ruido producido por el trueno hace vibrar los cristales de la habitación. La tormenta está justo encima de la ciudad, así que esto va para rato. No entiendo como semejante estruendo no me ha despertado antes, aunque, quizá fuera uno de esos estallidos sonoros el que me soltó del suave abrazo de Morfeo. La incensante lluvia se habría encargado entonces de rematar la faena desvelándome por completo. En cualquier caso me he despertado y el dulce remanso de paz en el que me hallaba sumido se ha esfumado del todo. No es que estuviera teniendo una visión id...

Prometeo reinterpretado

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Siempre me ha gustado la mitología y esta historia en particular, pero últimamente le he encontrado un nuevo significado.  Cuenta la leyenda mitológica que Prometeo, hijo de Jápeto y Asia, ridiculizó a Zeus y éste enfadado por haber caído en el engaño decidió retirar el fuego de la Tierra dejando a los hombres solos ante el frío y las enfermedades. Prometeo que no temía a los dioses subió al monte Olimpo y robó el fuego del carro de Helios para devolvérselo a los seres humanos. Así este Titán se convirtió en nuestro gran amigo. Zeus se vengó de la humanidad enviando a Pandora, la cual, insensata ella, abrió la caja que contenía todas las desgracias del mundo. Pero no se olvidó de las afrentas de Prometeo y con él se ensañó de manera especial. Fue encadenado de pies y manos y llevado al Caúcaso, allí el rey de los dioses envió un águila para que comiera el hígado del Titán. Al ser éste inmortal, su hígado volvía a regenerarse cada día y, cada mañana volvía la rapaz para dev...

Paseos primaverales

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Sol primaveral luciendo en las alturas y fabricando con su calor una atmósfera de sopor y sudores a la hora d ela siesta. La comida, lo más fresca posible, ha sido frugal debido a la negativa del estómago a admitir más sustento. Es de suponer que el calor es un factor limitante para las células parietales del epitelio gástrico, aunque no para los miocitos de mis piernas que con sus contracciones perfectamente sincronizadas me llevan a la calle. Bajo un cielo azul de papel celofán en el que ninguna nube se atreve a romper la armonía monótona reinante me reuno con mis compañeros d e ruta. Del conjunto de trastornados-aventureros que todos los martes nos dedicamos a caminar por el monte, hoy solamente hemos aparecido cuatro, y rápidamente decidimos que ante una tarde así, merece la pena tomárselo con calma y disfrutar del paisaje. Un paisaje ciertamente humanizado, en el que la fértil llanura de inundación de un río, demuestra ser el lugar idóneo para plantar patatas, colza e incluso chop...

Encanto granadino

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Resulta que volví, como había prometido regresé a la ciudad de la que hace unos años me enamoré profundamente. Sin embargo no cumplí mi promesa del todo. Había prometido volver y devolverle a aquellos edificios encalados cuyos muros guardan tantas bellas historias el amor que me profesaron cuando los visité, y la única manera que se me ocurrió en aquel momento, fue prometer volver enamorado, para que las calles empedradas y el silencioso río Darro absorvieran parte de ese amor que manaría de mí como el agua en las fuentes del Generalife. No cumplí esta última parte de mi promesa porque viajé con mi familia a la hermosa ciudad de Granada (como muchos ya habréis deducido) La festividad de San José y la emigración de mi hermana a tierras andaluzas muy próximas a la capital del antiguo reino nazarí fueron la excusa perfecta para líar a mis padres y revisitarla de nuevo. Es obvio que la perspectiva cambiaba al ir acompañado de la parentela, pero se me antojaba, cuando menos una visita curio...

Asociaciones interespecíficas

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Hace ya unos días explicaba a mis alumnos de 2º de la ESO las bases de la ecología, definíamos poblaciones, comunidades y ecosistemas. En ésta última descricpicón veíamos que la importancia de las relaciones que se establecen entre el biotopo y la biocenosis es fundamental para definir perfectamente el ecosistema. Llegados a ese punto tratábamos de interpretar y entender algunas de las relaciones más comunes entre individuos de la misma o de diferente especie. Dentro de las relaciones interespecíficas les explicaba que la manera más sencilla de analizarlas es dar un positivo, un negativo o un cero a cada especie, en función de si obtienen beneficio, perjuicio o les es indiferente el hecho de establecer dichas relaciones. Así por ejemplo hablábamos del comensalismo como una relación +,0 en la que un individuo obtiene un beneficio, mientras que al otro le da igual y poníamos como ejemplo al pez rémora que se alimenta de los restos de comida de los tiburones. Una vez vista, pasamos a las...

Pal sur

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Cada vez que bajo a Cádiz, y van unas cuantas, vuelvo con la firme convicción de que la calidad de vida allí es mucho mejor que la de aquí, que la gente sabe aprovechar el tiempo que tiene y sin embargo, siempre digo que no querría vivir y trabajar en Andalucía ni por asomo. Lo asocio a un destino vacacional y quizá sea por eso que me encanta escaparme al sur. Podría dármelas de cultureta gafapasta y deciros que viajé a Cádiz con motivo de la conmemoración del bicentenario de la promulgación de la primera Constitución Española. Una constitución, conocida como La Pepa, puesto que se promulgó el día de San José y, que convertía a todos los súbditos del absolutismo imperante en ciudadanos de pro, con sus derechos y sus deberes, y que, además servía para tratar de unir todo un imperio colonial bajo una idea de Estado hasta entonces inédita. Pero el motivo de mi visita fue otro. Hace unos años mi grupo de amigos se reunió en Cádiz por estas fechas a fin de celebrar los carnavales y sobre to...

Santiago y los osos

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Cuando cuento la historia de mi primer día en Cabárceno tengo la impresión de que la gente no termina de creérselo del todo. Les digo que nada más llegar, a las 8 de la mañana, me dicen que tengo que subir al recinto de los osos porque están desbrozando el vallado electrificado para que funcione correctamente. A los operarios encargados de hacerlo les da miedo estar con los plantígrados rondándoles y hay que estar allí con ellos. Sin saber que pintaba yo allí ni como iba a defenderles pero con toda mi buena voluntad me dispuse a subir en el todoterreno hasta el lugar indicado. Allí me esperaba Santiago, el jefe de veterinarios y director del parque a efectos. Un hombre de aspecto recio con bigote ampliamente poblado y mirada franca. De esos que deduces que son buena gente sólo con verlos, aunque de primeras parezcan duros como un morrillo. Me echó un vistazo de abajo a arriba y, al verme, por su risilla socarrona, supongo que pensó "puede servir" Así, comenzó a explicarme mi...

La niebla

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Mañana tensa. Mis tutorandos han sacado unas notas pésimas en su primer examen conmigo y ni siquiera protestan, es más, parece no importarles. Era de esperar, acostumbrados a no marcarla durante años e ir pasando de cursos raspando el aprobado, ahora se topan con alguien que les exige, que les aprieta y muy pocos pasan el corte. Las sucesivas reuniones que tienen lugar a continuación con compañeros y con padres me dan una visión de la incompetencia y desidia de unos y otros a la hora de educar a los chavales, lo cual corrobora las causas de su bajo rendimiento. Primero de bachillerato suele ser un bálsamo para mí, pero hoy están alterados por el examen que tienen a continuación y a duras penas consigo dar una clase decente. A quinta hora tengo guardia y el profesor que debería de cubrirla no aprece por ninguna parte. Los expertos en escaqueo abundan en todos los lugares, así que a falta de otro imbécil al que colgar el marrón, pringa el menda. A estas alturas de la mañana ya estoy bas...

De ruta en ruta

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La ruta que parecía incialmente sencilla se ha convertido en una travesía intrincada y penosa. Las zarzas se han adueñado de la senda por la que camino, que por otro lado no es más que un hilo de tierra lleno de huellas de jabalí entre la hierba seca. Los socavones al pie de las escobas no ayudan a hacer más sencillo el recorrido y el tobillo izquierdo sufre gravemente al meterme en uno de ellos. La tarde cae y la incertidumbre de alcanzar el pueblo antes de anochecer atenaza mis pensamientos y casi los domina por completo impidiéndome ver la luz al final del túnel, pero al final me hago con las riendas y cuando me siento a refrescarme en la fuente, el agua que corre por la nuca me alivia y destensa. Tras el viaje, cansado, arribo a casa. La ducha se hace imprescindible ante la mezcla de sudor y polvo del camino. Bajo el chorro de agua caliente pienso en lo fácil que hubiera sido invitarme a la cena, pero mis compañeros se refugian en la triste excusa de que lo que se ha previsto es re...

La ironía del Nobel

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Johan se levanta. Son las 7 de la mañana y la noche no ha sido precisamente reparadora, mas bien al contrario, los nervios han atenazado su estómago y a penas ha pegado ojo. Es la primera vez que en el instituto le encomiendan una tarea tan importante. Desayuna un café pensando en que quizá debería tomar una tila para calmarse. Acto seguido se mete en la ducha y como todos los días recuerda a su madre diciéndole que lo hace todo al revés, pero el prefiere calentar primero la tripa y después el resto del cuerpo. Al llegar a las instalaciones del Karolinska nota las miradas de sus compañeros de trabajo en la nuca mientras avanza por los pasillos del enorme instituto de investigación sueco. Uno de ellos se para a hablar con él y le suelta el típico discurso en estos casos: - Tú tranquilo, solamente eres el encargado de dar la noticia, no formas parte del jurado, así que no tienes que preocuparte por el fallo -. Por fin llega a su despacho y se deja caer en la silla ergonómica que se sitúa...

Historia de una pulsera

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Las tres y media de la tarde y el calor aprieta en Ponferrada. Tras recoger los platos me dispongo a desconectar un poco mi neurona viendo la tele, pero una música se cuela por mi ventana y no puedo evitar asomarme. No soy un entendido en este arte, sin embargo, aunque no lo veo, creo identificar los dulces acordes salidos de una flauta travesera. Supongo que será uno de los músicos callejeros que se sitúan en las calles más céntricas de la ciudad y que desde allí el escaso aire que corre en la ciudad, me trae su hermoso sonido. Me quedo asomado en la ventana escuchando la música y reparo en un artilugio que cuelga del balcón de mis vecinos de enfrente. Es una pequeña cesta de mimbre sujeta con una cinta de raso que cuelga entre dos balcones adyacentes en los que puedo distinguir lanas, hilos, y dos sillitas de plástico muy pequeñas que a buen seguro son infantiles. La música termina y decido tumbarme un ratito en el sofá, pero al poco de estar allí tirado escucho ruido otra vez. Ésta ...

Retales de una vida

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Llega el viernes y tras una semana de hastío ponferradino vuelvo a casa con la batería corporal cargada al máximo de energía debido a la inactividad. No es que haya estado parado, los primeros días en un sitio nuevo siempre son bastante movidos, no solo en el plano laboral con la adaptación a un nuevo centro, sino también con el deseo de poner tu vida extraprofesional a tu gusto. Buscar una estabilidad...como decirlo...una rutina a la que acostumbrarse se convierte estos días en una odisea: tratar de que te acepten en la escuela de oficial de idiomas, encontrar un gimnasio acorde a tus necesidades, lograr que una tarifa de internet y teléfono fijo te salga económica e incluso aventurarte en el mundo de las clases de baile. Lo peor de todo es que haces de todo sin hacer de nada y vuelves a casa con la sensación de haber perdido la tarde. Por otro lado, tras la exhaustiva búsqueda de recursos a los que aferrarte para mantener tu mente ocupada, esperas poder socializar de alguna manera co...

Parque jurásico

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Llego a mi nuevo destino con ilsusiones renovadas. Ponferrada se muestra llena de oportunidades: un entrono maravilloso para disfrutar de la naturaleza, una ciudad que se mueve al son de su barrio antiguo, plagado de bares y hermosos rincones bajo la atenta mirada de nuestra señora de Encina y del castillo templario. El instituto que me han asignado es enorme y nada más entrar me topo con la cruda realidad, este año no va a ser fácil en cuanto a relaciones sociales, de hecho los pocos compañeros con los que me cruzo por el pasillo ni siquiera me miran. Al llegar a jefatura para presentarme como nuevo profesor, el jefe de estudios me confunde con un alumno del nocturno que espera para matricularse. Le explico que no vengo a recibir clases, sino a impartirlas y cuando sale de su asombro me pide disculpas y me explica que la media de edad del ce ntro es sustancialmente elevada. Tras un primer recorrido por las instalaciones me presenta al jefe del departamento de ciencias, un hombre muy a...

Críticas al profesorado

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Cuando de pequeño veía a mi tía Gloria, maestra de profesión, enseñar a mi hermana a juntar letras para formar sílabas y después palabras, me quedaba perplejo. ¿Cómo era capaz una sola persona de enseñar algo tan importante como leer y escribir? Lo que no recordaba por aquel entonces es que yo había pasado por ese mismo proceso unos años antes, y que al igual que ocurría con mi hermana, también mis padres colaboraban en nuestra educación. Pese a que me llamaba mucho la atención la labor de mi tía, lo cierto es que nunca me atrajo la idea de hacerme profesor, al menos no hasta hacerme mayor de edad. Fue ya con 19 años cuando comencé a hacer trabajos estivales como monitor de tiempo libre. En esos trabajos además de fabricar e inventar mil juegos para los críos, también impartía talleres con vocación medioambiental y hasta, de vez en cuando, hacía veladas de cuentacuentos. Era otra manera de enseñar aquello que a mí me apasionaba, y me gustaba un montón ver como atendían los chicos, sin ...

Diario de viaje: Países Bajos

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Tras la visita de obligado cumplimiento al Atomium, monumento conmemorativo de la Expo de Bruselas de 1958, que representa un cristal de hierro agigantado, Brujas nos recibe con lluvia. Es una ciudad pequeña situada al oeste de Bélgica cuyo mayor atractivo es pasear sus calles acompañadas en todo momento de canales. No en vano a Brugge (como se le denomina aquí) la llaman la venecia del norte. Caminando bajo una lluvia suave aunque incesante decidimos pararnos en una chocolateria encantadora encajonada entre la Catedral de San Salvador y la iglesia de Nuestra Señora. Abajo una tienda que parecía sacada de un cuento de Andersen y arriba una casa reestructurada para acoger al invitado que ansía un buen tazón de chocolate caliente. Al día siguiente, y después de haber conocido a nuestro primer compañero viajero venido de tierras mexicanas y a la chica más guapa que recuerdo haber visto ponerme un café, dirigimos nuestro pasos hacia la ciudad de Gante. Pronto pudimos comprobar que t...

El segundón

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El segundón se sienta en una mesa rodeado de gente pero no quiere destacar, se ha acostumbrado al refugio que la penumbra le proporciona y ha aprendido que salir a la luz es, a menudo, peligroso. Le pasa como al pavo real, que al lucir las plumas enseña aún más el trasero. Aún así, a veces la tentación se hace fuerte y sin pensarlo se muestra a pecho descubiero para, al final, como siempre, sentirse como el bufón de la corte o lo que es aún peor, como el tonto del pueblo. El segundón no controla de temas trascendentales y ve películas que a los demás les parecen una bazofia porque no sabe o no quiere saber de guiones complejos y tramas enrevesadas, aunque también le gusten. De hecho no se atreve a calificar lo último que ha visto porque a buen seguro será una cinta sin sustancia, con unos actores pésimos y guiones simplones que no tienen ni pies ni cabeza, con escenas sin sentido y lle nas de tópicos. El segundón escucha música que le hace sentir cosas y le da igual si es de un ...

Fiestas

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Dudando, voy o no voy. Me voy a encontrar con situaciones, con momentos y lo peor de todo, con sentimientos ya vividos que no he olvidado y que a buen seguro harán daño por lo dulce del recuerdo y lo amargo de lo irrepetible. Venga, no voy, les digo que no puedo, que es superior a mí, que tengo gastroenteritis o cualquier otra excusa peregrina que se me pase por la cabeza. Pero ¿cómo no voy a ir? Adolfo me dijo que si no iba, venía él a buscarme. ¿Cómo les voy a dejar tirados cuando he dado mi palabra? Además a ellos les hace ilusión y en el fondo a mí también, ya estoy tan integrado en el pueblo que no puedo faltar. Venga pues voy, se acabó, hago la maleta y me piro ¿qué me puede pasar, que lo pase mal por un rato? Seguro que el resto, lo paso bien. Ya... pero vaya rato más malo...puf!! Suena el teléfono "Ah, ¿al final tú también vas? Pues entonces genial, porque no quería verme sólo en según que momentos, vale tío, nos vemos allí" Definitivamente voy, las fiestas de San Leo...