jueves, agosto 03, 2017

La Tumba de la Muerte de Ur

Resultado de imagen de puabiCuentan que le llevó varios años localizar con exactitud el lugar del enterramiento. Su obsesión con Ur era tan absorbente que a penas comía lo justo para mantener en pie su pequeño cuerpo. El arte funerario de Mesopotamia y la posibilidad de encontrar evidencias del mito del diluvio del que hablaban las tradiciones sumeria y semita alimentaban su espíritu. Pero sin duda fue aquel día, aquel en el que comenzaron las excavaciones de lo que serían las Tumbas Reales de Ur cuando la emoción le embargó por completo.

El primer cuerpo que fue desenterrado corroboró que aquella era una tumba destinada a personas de la alta sociedad. Era una mujer y lo primero que aparecíó fue la cabeza que presentaba un elaborado tocado, pendientes de oro y un collar hecho también de este metal precioso. Poco a poco fue dibujándose la silueta, tumbada de costado y casi en posición fetal, vestía ropas decoradas con abalorios de lapislázuli.
 
A medida que la excavación avanzaba iban apareciendo cuerpos, todos de mujeres y ricamente decorados, todos puestos en la misma posición y ordenados en filas, así hasta un total de 68. Excepto cuatro de ellas que se encontraban en el centro y, aunque no portaban tan ricas alhajas, sostenían instrumentos musicales como una preciosa lira de plata que estaba perfectamente conservada.

El arqueólogo no podía entender lo que allí había ocurrido, puesto que no había signos de violencia alguna salvo por los seis únicos cuerpos de hombres que parecían soldados o guardianes del recinto ya que portaban sus armas y que estaban situados en uno de los laterales de la estancia. Una de las mujeres destacaba, eso si, sus adornos eran mucho más llamativos. Al lapislázuli se le unía la cornalina y al tocado de la cabeza que contenía motivos vegetales como hojas y flores, tres estrellas que salían de la coronilla de forma prominente. Sería la reina Pu'abi? Parece que no había duda.

Sin embargo, él no debaja de preguntarse, ¿y eso es todo? Tiene que haber algo más, tiene que existir una explicación para esta matanza.
Imagen relacionada 
Un buen día, cuando ya casi se había dado por vencido, en una de las esquinas de la Tumba Real uno de sus ayudantes dió un grito visiblemente entusiasmado ante el hallazgo que acababa de realizar. Eran dos pequeñas estatuas de carneros de oro con todo el cuerpo recubierto de pequeñas piezas de lapislázuli y nácar pulidos que imitaban la lana del animal. Al tacto eran tan suaves que se podía percibir la finura del orfebre que había diseñado aquella pieza de extraordinario valor. El detalle de los ojos que eran dos rubies y la perfección en la talla del hocico, las cejas y las pezuñas indicaban que aquellas figuras eran sumamente importantes y probablemente parte del tesoro real.

Ya por la noche, en la soledad de su tienda de campaña, el arqueólogo miro a los ojos de aquel extraordinario animal dorado. La luz de las velas refulgía roja y vivaz dándole un aspecto casi divino y entonces una idea comenzó a rondarle la cabeza. Poco a poco fue tomando forma y parecía muy plausible. Aquellas mujeres se habían dejado morir, probablemente envenenadas con su propio consentimiento, en un ritual de música, danza y fuego en honor a aquellas extrañas deidades. Un sacrificio ritual, quizá el primero datado en toda la historia. Sí, seguro que fue eso lo que ocurrió. No dejaba de repetírselo para sí, pero en sus adentros seguían apareciendo las imégenes de aquellas marcas en las vértebras cervicales de las que solamente él parecía haberse percatado.



 

jueves, julio 27, 2017

La cena negra (leyendas de Escocia)

Edimburgo es una ciudad de cuento, no se puede resumir de otra manera. La capital de Escocia enamora por su casco antiguo plagado de historia y leyendas que surgen de un espectacular castillo situado encima de una roca volánica y descienden hasta el palacio de una reina que tuvo gran poder y que murió ejecutada.

Una ciudad de cuento sí, pero yo no he dicho que tipo de cuento. El clima es particularmente lluvioso y nublado la mayor parte del año, lo cual da cierta personalidad oscura al entramado de calles y callejones. Algunos de ellos desembocan además en cementerios como el de Greyfriars o el de Calton Hill cuyas lápidas torcidas, caídas y rotas unidas a las rejas clavadas al suelo que impedían que los ladrones de tumbas se llevasen los cuerpos, le otorgan un carácter ciertamente lúgubre y misterioso.

Resultado de imagen de edinburgh castle from grassmarketSon muchas las historias de fantasmas y brujas que allí me contaron, al calor de una pinta en un pub, escuchando música tradicional celta o simplemente leyendo en alguna de las inscripciones en piedra que puedes encontrarte en cada esquina. Y fue una de esas lecturas la que más me impresionó por tratarse de un hecho histórico que yo achacaba a la ciencia ficción. 

Me encontraba visitando el imponente castillo de Edimburgo en una extraña y soleada mañana. Dicha fortaleza es una pequeña aldea en sí y hay que ir ascendiendo niveles hasta alcanzar los aposentos reales. Como cualquier turista al alcanzar la cima me dirigí a ver el palacio real y el Honor de Escocia con las joyas de la corona y el gran salón donde se realizaban los festejos de la corte. Ya de vuelta me topé con una torre que había pasado por alto. La torre de David.

Al entrar en ella pude comprobar que la luz natural brillaba por su ausencia y las pocas bombillas que había encendidas hacían del lugar una estancia tétrica y húmeda. Allí fue donde leí la historia de la cena negra que tuvo lugar en 1441 en aquel mismo emplazamiento.

Durante todo el siglo XV uno de los clanes escoceses, el de los Douglas, había adquirido tanto poder que los demás nobles vieron amenazados sus privilegios ante tal hegemonía. Así el sexto Conde de Douglas, William, y su hermano menor fueron invitados por el rey Jacobo II  de tan solo diez años a cenar en la torre de David. Mientras cenaban rodeados de personalidades importantes de la corte se divertían hablando con unos y con otros y reían ante las gracias de los danzantes. Ya al final del festín se sirvió una cabeza de un toro negro sobre una bandeja lo cual fue interpretado rápidamente como un símbolo de muerte.

En realidad aquella cena fue una pantomima orquestada por algunos de los nobles contrarios al clan Douglas, entre los cuales se hallaba Lord Chrichton que era el canciller real. Ordenaron arrastrar fuera a los hermanos al acusarlos de alta traición y los sometieron a un juicio sumarísimo allí mismo. Un juicio que obviamente terminó con los representantes del Clan Douglas decapitados al igual que el toro.
Esta historia me llamó mucho la atención al romper las reglas de hospitalidad de la Edad Media entre las cuales se encontraba aquella que decía que cuando dos enemigos comparten mesa y pan no podían hacerse daño. Por eso y porque a aquellos que sois seguidores de Juego de Tronos os recordará a alguna escena clave en la trama verdad? 

Como veis, los cuentos que predominan en la ciudad de Edimburgo no son precisamente los de hadas.

domingo, noviembre 06, 2016

Carta abierta a padres huelguistas y no huelguistas




Me entero por la radio de que este fin de semana la Ceapa (Confederación española de asociaciones de padres y madres del alumnado) ha convocado una huelga de deberes en los centros públicos. Posteriormente la noticia ha sido reproducida en todos los medios de comunicación y no salgo de mi asombro al ver a varios padres y madres entrevistados apostando por refrendar la huelga con argumentos tales como: "los niños no deben de cargarse de deberes porque si no,  no tienen tiempo para nada", "si hacen los deberes que les mandan no tienen tiempo para su desarrollo personal" o, aún mejor "los deberes son un castigo de los profesores hacia sus alumnos".
 Resultado de imagen de huelga de deberes
Está bien, señores padres (y madres, no se me vaya a ofender algún tonto que no ha abierto un diccionario en su puñetera vida) ahí va mi reflexión como docente. Hagan con sus hijos lo que les de la gana. Díganles que no hagan los deberes, es más anímenles a no hacerlos y convénzanles de que es el mejor camino para alcanzar cualquier objetivo en la vida. Inculquen en sus hijos la cultura del pelotazo tan bien vista en este maldito país. Sigan sobreprotegiéndoles y conviértanles poco a poco en adultos inmaduros incapaces de reconocer cuan dificil es conseguir empleo, vivienda o comida como lo hacemos la mayoria de nosotros, esforzándonos, trabajando; y no como los personajes que salen en la televisión o en las revistas del corazón cuyo único mérito ha sido acostarse con tal o cual torero/futbolista/cantante. 

Eso sí, obren en consecuencia cuando esos mismos niños a los que con tan poco sentido común han educado les pidan cuentas cuando sean mayores y no tengan ni oficio ni beneficio, y no salgan en la televisión ni en las revistas, ni sean futbolistas o toreros o cantantes famosos. Cuando su frustración alcance límites insospechados y les culpen a ustedes de su malestar, díganles entonces que le pidan cuentas al rey, hagan eso.

Y ya que por mi parte les doy total libertad para hacer con sus hijos lo que quieran, les ruego que dejen en paz a maestros, profesores y demás docentes. Dejen de menospreciar nuestra profesión. Olvidensé ya de una vez por todas del tan manido "que bien viven los maestros". Con ello lo único que consiguen es envilecer aún más a quienes escuchan esas palabras, que muy a menudo son sus propios hijos. Es curioso, hace no tanto la frase que yo escuchaba en mi casa era "pasas más hambre que un maestro de escuela" y creanmé llegar a ser maestro no es nada fácil. Cambien el discurso de la queja y la protesta por el del ánimo y la ilusión. Entusiásmense con la educación de sus hijos y contágienles ese entusiasmo tal y como los docentes tratamos de hacer con ellos todos los días.

Resultado de imagen de huelga de deberesPor otro lado les diré que mi profesión es la más bonita del mundo y por muy vilipendiada que esté, o por muchas difamaciones que escuche hacia mí o hacia mis compañeros, eso no me lo podrán quitar de la cabeza . Para mí solo es equiparable a la de un médico que se dedica a salvar vidas, aunque nosotros también lo hagamos a nuestra manera cuando rescatamos a las mal llamadas "balas perdidas" o a desilusionados, desorientados, agobiados... y conseguimos que recuperen el anhelo de ser algo, el ánimo y la confianza en sí mismos. Recuerden, ustedes son lo que son gracias, en parte, a sus maestros y a sus profesores los cuales les mandaban también deberes que a buen seguro hacían en sus casas. Nosotros no somos el enemigo, sino meros acompañantes en la formación que quieran darle a sus hijos y estamos aquí para ayudar. 

Por mi parte, mañana cuando llegue a clase corregiré los deberes que les he mandado a mis alumnos para que realizaran el fin de semana. Si los han hecho o al menos lo han intentado, resolveremos las dudas que les hayan podido surgir. De esa manera podré afianzar sus conocimientos correctamente y eliminaré aquellos que están equivocados. Si no han hecho la tarea, ni siquiera tendrán dudas con lo cual copiarán la correción, si eso no supone un esfuerzo sobrehumano para ellos, y creerán que lo han aprendido todo. Yo seguiré tratando mi materia y a mis alumnos con el máximo respeto, tal y como me inculcaron mis padres y mis abuelos, y trataré de hacerlo lo mejor posible para que aprendan, como he hecho siempre desde que soy profesor.

Una escena: https://www.youtube.com/watch?v=gQU3EphIpMY

P.D. Esta es una carta abierta en la que no he querido entrar a valorar el sistema educativo español. Eso daría para un debate largo y profundo. Si alguno o alguna quiere debatir acerca de la cantidad conveniente de tareas para casa asociada a cada periodo de desarrollo educativo del niño estoy más que dispuesto a leer y contestar los comentarios que me hagan. Eso sí, les insto a que primero estudien, con el fin de mantener un debate de igual a igual, un poco de desarrollo psicológico, de didáctica general, de aprendizaje y desarrollo de la personalidad o de procesos y contextos educativos (asignaturas todas ellas del grado de Educación o del máster universitario en formación del profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional.

domingo, octubre 23, 2016

Mis carapijos



Cuando llegaron a mis manos no sólo me hizo ilusión el hecho de tener unos carapijos nuevos y del color que más me gusta. Habían recorrido, procedentes de Almería, nada menos que mil kilómetros gracias al esmero que mi hermana había dedicado en su busca por las calles y mercados de la que hubiera sido última frontera del reino de León allá por el 1147. 

Al abrir la caja y probármelos para ver que la talla era la correcta los recuerdos invadieron mi mente. Siempre he gastado este tipo de calzado y ya no consigo acordarme de cuantos pares he destrozado por el uso, la lluvia o el barro. Probablemente más de uno al año cuando era un canijo. Recordé aquellos años en la escuela cuando mi madre me ponía guapo los días que no tocaba gimnasia. Los pantalones de pana en invierno y los calcetines gordos para no pasar frío en los pies, y por su puesto una camisa y un jersey. Ay! los carapijos, el hecho de llevarlos puestos hacía que sintiera que aquellos días eran especiales.

Resultado de imagen de carapijosEl segundo par que recuerdo me retrotrae a la época en la que iba al instituto (aunque como digo seguramente fuera más de uno). Por aquel entonces yo jugaba a balonmano y entrenaba a diario, por lo tanto tenía que vestir chándal todos los días y acabé aborreciendo aquella prenda. Así pues ir con vaqueros y mis carapijos a clase suponía una especie de liberación, como si sólo de esa manera pudiera expresar quien era y quien quería ser. De forma secundaria en mi juvenil cerebro aparecían las imágenes de revolucionarios socialistas que querían el poder del pueblo y para el pueblo calzados con este tipo de botas, y me sentía como uno más en aquellas reivindicaciones. La adolescencia, bendita y dura época de ideales y golpes que los desmoronan.

El último recuerdo que tengo de ellos me lleva a la facultad. Quizá por la cercanía en el tiempo el recuerdo es muy nítido. Tenía que presentar un trabajo sobre neanderthales del cual dependía la nota de la asignatura de Etología, ya que el profesor había decidido no hacer un examen escrito y evaluarnos en función de nuestra capacidad de oratoria y síntesis. Aún recuerdo los nervios que recorrían mi cuerpo y hacían que me temblasen las piernas. Sin embargo, con las transparencias de acetato bajo el brazo, mi camisa de pana y los carapijos sabía que todo iba a salir bien.

Resultado de imagen de acetate transparencyTras la presentación una amiga se me acercó y me dijo que le había encantado la presentación y que además con esas pintas parecía un profesor de verdad. La nota era lo de menos, aquellas palabras quedaron grabadas a fuego en mi alma y quizá fueron la materia con la que empecé a forjar mi futuro como profesor. A ella le agradezco sus palabras, aunque probablemente ni se acuerde. Como ves, yo sí lo hago.

El último par lo jubilo hoy, las suelas están tan desgastadas que al pisar puedo notar el entramado de goma que les da estructura y sostén. Éstas son muy especiales y por eso tenía que dedicarles una entrada en esta humilde bitácora. Me han acompañado estos dos últimos años en todo tipo de peripecias, desde el maravilloso curso que pasé en Aranda de Duero (con sus altos y sus bajos, pero maravilloso al fin y al cabo), al tremendamente exasperante curso pasado en Valladolid, pero sobre todo, el homenaje va por servirme como amuleto en el trance de la oposición. 

Todos los días, en todas las pruebas que tuve que ir superando, y pese a los calores del julio palentino, me acompañaron como un amigo fiel. Con ellos me sentía cómodo, pisaba con energía y confianza, y hasta me creía aquellas palabras de la amiga de la facultad: "con esas pintas pareces un profesor de verdad". Ni que decir tiene que todo fue bien y al fin lo conseguí, ya no solo lo parezco, si no que lo soy! 

jueves, octubre 13, 2016

El niño que queria ser torero

Escribo hoy estas líneas envuelto en un maremagnum de negatividad hacia el género humano debido al reciente caso de un niño que me ha tocado la fibra. Supongo que muchos lo conocéis, se llama Adrián y como todos los niños tiene sueños. ¿El suyo? De mayor quiere ser torero, fijaté tú, con ocho añitos. El atenuante es que el crío padece un sarcoma de Ewing, quizá el tipo de cáncer más doloroso que existe y que afecta a los huesos.

El caso no pasaría de ahí de no ser porque en las redes sociales una antitaurina le ha deseado la muerte y lo más espantoso es que ha sido secundada por un séquito de acólitos que le han aplaudido el comentario. 

Los que me conocéis sabéis que no me manifiesto politicamente, que me dan igual los taurinos y los antitaurinos y que en esta bitácora no he soltado ningún tipo de procalama o manifiesto de apoyo o crítica, pero esto ya pasa de castaño oscuro. Es aberrante desear la muerte de un niño, se mire por donde se mire, no tiene justificación alguna. Sueñe lo que sueñe ese niño no deja de ser eso, UN NIÑO! y vosotros, los que desais que muera, no sé ni como calificaros. Bueno, sí, a decir verdad sí que lo sé, sois como todos esos animales cuya vida defendéis, ANIMALES!

Una persona que desea la muerte de un niño indefenso, que para más inri padece una terrible enfermedad, no merece el calificativo de ser humano, porque carece precisamente de eso, de humanidad. Supongo que la mujer que publicó en las redes sociales esa sarta de burradas no tiene hijos y quizá algunos penséis que eso puede excusarla, pero no. Yo tampoco tengo hijos pero mis padres, mi familia y mis amigos me han enseñado algunos valores que imagino jamás alcanzará esta mujer y sus seguidores.

Imagino que esta gente no se ha parado a pensar en el dolor que a buen seguro provocan en la familia de Adrián, y en el propio Adrián, ya que en el mundo en el que vivimos no dudo de que ya ha leído o le han relatado el comentario. No se han parado a pensarlo porque no conocen la empatía. No hace falta ser padre para empatizar e imaginar lo que puede suceder ante un comentario así.

Imagino que esta gente presumirá de su sensibilidad y del respeto hacia la vida animal que tanto profesan, mientras se toman sus vinos con sus amigos, pero no señores, ni lo uno ni lo otro. Cuando os explayais de esa manera demostráis que no tenéis ni un ápice de sensibilidad y mucho menos de respeto. Y esto señores, es, por definición, una caracteristica de psicopatía.

Sí, os llamo PSICÓPATAS a vosotros que deseáis la muerte de un niño indefenso enfermo de cáncer. A vosotros que menospreciáis y vilipendiáis la vida humana mientras os vanagloriáis de defender la vida de los animales. No merecéis otra cosa más que se os expulse del género humano, al menos yo no os considero como tal. No podéis pertenecer a la misma especie a la que pertenezco yo. No podéis estar más lejos de lo que soy yo. ¿De verdad no os habéis parado a pensar que es un niño? UN NIÑO, UN NIÑO DE OCHO AÑOS!!!! ¿Pero que os pasa? ¿Qué ocurriría si os pasase a vosotros lo mismo? Evidentemente ni lo contempláis, pero tampoco os acordáis de que también fuisteis niños de ocho años. Sólo me cabe pensar que estáis locos, o que sois de otro planeta o yo que sé.

Se me acaban las palabras y me saltan las lágrimas, solo me salen barbaridades que no quiero reproducir aquí porque yo si que tengo educación. Esto es una gotita más en mi vaso que me sirve para valorar cada día más mi trabajo como docente y educador basándome en tres palabras básicas que me enseñaron desde pequeñoi y que cada día fomento: RESPETO, EMPATÍA y COHERENCIA.

Hoy no hay fotos, hoy me despido con el recién premiado con el Nobel de Literatura. Ya lo decía Bob Dylan, cuantos caminos por recorrer para ser un hombre....

PD: mi más sincero ánimo y afecto a Adrián y a su familia.

viernes, septiembre 16, 2016

Goran

La ciudad se cuece bajo el sol dálmata que parece querer derretir los muros de los antiguos palacios señoriales. Los casi 40 grados que registran los termómetros unidos al enorme porcentaje de humedad ambiental hacen que, turistas y autóctonos, busquen la sombra como el mayor de los tesoros. Así recibe la perla del Adriático a Jaime que pese a todo se siente abrumado ante el espectáculo que le ofrece el museo hecho piedra que es Dubrovnik.

Camina por sus principales calles tratando de localizar alguno de los escenarios en los que se rueda una de las series de moda. Se sorprende ante la frescura del agua de la fuente de San Onofrio y con la majestuosidad del palacio Sponza. Sin embargo, como siempre, se centra en observar a la gente y en este caso se entretiene en averiguar por sus atavíos y sus expresiones de que nacionalidad es cada cual. Un alemán con calcetines y sandalias, una rusa de excepcional belleza o un italiano que gestualiza de forma exagerada.

Tratando de salir del bullicio y, tras un refrescante baño en la pequeña playa que hay a las puertas de la muralla, Jaime enfila una de las empinadas escaleras que ascienden hacia la muralla desde la calle principal. Los escalones son muy dispares, los hay enormes y otros pequeñitos, pero todos son abruptos y caprichosos en su forma, de tal manera que en un breve espacio gana mucha altura. La recompensa al llegar arriba es comprobar que la ciudad no solo es hermosa como  un cuadro de Monet, si no que además está viva, que hay gente en los portales charlando de sus cosas y que la ropa está tendida como en cualquier otro lugar.

Allí arriba, con una mezcla de salitre y sudor en la piel, busca un lugar para cenar. Al pie de la muralla encuentra el restaurante Peline donde unos alemanes contemplan el partido de la eurocopa contra Francia. El lugar es perfecto, recoleto, con buenas vistas y gracias al fútbol, es ideal para pasar desapercibido. El camarero, que debe de tener pocos años más que Jaime, se presenta como Goran y le acomoda en la última mesa de la terraza. La conexión es instantánea y mientras le sirve una jarra de cerveza bien fría comenta que entiende lo duro que es viajar solo, que él lo ha tenido que hacer muchas veces. Aconsejado por él, Jaime pide cevapcici, un plato típico de Bosnia compuesto de trozos de carne especiada y a la brasa acompañados de cebolla dulce y una salsa de tomate muy intensa.

A medida que las mesas se van llenando Goran va y viene y de cuando en cuando se para a parlotear con Jaime. Es bajito, calvo y con las orejas grandes. Además tiene la nariz aguileña. Un cuadro vamos, pero pese a su timidez demostrada, o mejor dicho, exorcizada con movimientos temblorosos de cabeza y sonrisilla nerviosa, mira a los ojos cuando habla. Busca cierta cercanía en el trato y la verdad es que eso se agradece y mucho! 

Jaime también le mira y no deja de pensar que hace quince años ese tipo que tiene en frente vivió una guerra cruel y devastadora. Una guerra entre hermanos de un mismo país que se distinguían únicamente por la religión. "Probablemente mientras yo iba a la universidad él combatía en las milicias croatas contra los serbios que les machacaban mucho antes de que la OTAN interviniera y las tornas cambiasen con igual o mayor agresividad" - piensa Jaime - "yo también he tenido que viajar muchas veces solo" - recuerda - "y qué forma de viajar!" - reflexiona -

Aparecen en su cabeza las primeras imágenes de una guerra que puede recordar con cierta nitidez. La matanza de Srebrenica, el asedio de Sarajevo, la caída del puente de Mostar y sobre todo los bombardeos sobre la muralla de Dubrovnik; y ese tipo ha vivido todo eso en sus propias carnes, de manera directa y voraz. De pronto Jaime se da cuenta de lo afortunado que es y sonríe. Goran le mira y parece entenderlo todo. Sonríe.

Klapa, canto a capela tradicional de la Dalmacia, hermoso!
https://www.youtube.com/watch?v=sgUk9blTgPw

martes, marzo 29, 2016

La artista de la luz

Cuando la conoció fue como si el tiempo volviera a empezar a contar, como si amaneciera de nuevo con una luz renovada y purificadora. Estaba llena de energía y su juventud rebosaba alegría y entusiasmo por todos los poros, justo lo que a él le faltaba en aquellos momentos de su vida. Sonreía, y lo hacía todo el tiempo, mostrando un pequeño diastema entre sus dos incisivos superiores que a él le parecía  muy sexy.

Ana era estudiante de bellas artes y como tal llevaba siempre consigo algo con lo que dibujar. De repente se quedaba mirando a alguien de forma analítica, fruncía el ceño tratando concentrarse y comprobaba cual era la mejor perspectiva, cuáles eran los músculos que trabajaban en cada gesto de la cara del individuo analizado. Medía proporciones utilizando el lápiz que llevaba en el bolso y esbozaba un primer boceto del modelo improvisado que, a menudo, no se daba cuenta de que lo estaba siendo.

Cuando tocaba trabajar en las labores de campo era cuando resplandecía. Su alborotado pelo se balanceaba levemente con los vientos primaverales de la estepa castellana. Disfrutaba embarrándose con los ladrillos del chozo de pastor que construía junto a sus compañeros y ensoñaba mientras los demás observaban las aves de la laguna que volvían para pasar la noche bajo la protección del agua. Mientras ella lo miraba todo con esos grandes ojos oscuros y todo le entusiasmaba. Parecía como si cada actividad que realizaba fuese tan especial y novedosa como la primera vez que dibujó en su vida.  

El modelo improvisado aún recuerda el taller de decoración artesanal de botijos con los niños del pueblo, la alegría que ella desprendía a raudales mientras enseñaba a los canijos a pintar garzas, patos o gorrioncillos. Su manera de jugar con pequeños y mayores que como era de esperar, contagiados por la magia, acabaron con la cara llena de colores. Recuerda el collar de cuero al cuello y ese gesto de morderse el labio inferior que se le antojaba delicioso mientras contemplaban la puesta de sol en tierra de campos.

También recuerda las pequeñas manos que se afanaban en tratar de captar su imagen en un dibujo. Ya se había percatado de que le estaba sirviendo de modelo, pero no le importaba ni lo más mínimo mientras aquello supusiera pasar algo más de tiempo en compañía de aquel ángel redentor. Así, se hacía el despistado en el albergue o en los bares en los que ella aprovechaba para sacar sus bártulos y desarrollar su arte.

Era pequeña de estatura pero sus abrazos eran enormes y cálidos. Pegaba la cabeza al pecho de quien fuera el agraciado de recibirlos y se podía notar la sinceridad y el afecto fluir entre las telas de la ropa para llegar a rozar la piel. Y no puede olvidar como esos mismos abrazos le cargaban de energía, toda esa que le faltaba debido a los avatares e incertidumbres de la vida.

Ana voló como vuelan las golondrinas en otoño. España se le quedaba pequeña y muy escasa de oportunidades para alguien que se dedica al arte. Encontró el amor y terminó por instalarse en Italia para dedicarse, entre otras cosas a la fotografía. Y una fotografía es precisamente la que tantos recuerdos le han traído al modelo improvisado.

En ella ha visto a una mujer sofisticada, con ese aire toscano de las grandes divas italianas. Ha abandonado su abrigo con capucha de duende y lleva un elegante vestido azul con bolsillos y cinturón de cuadros verdes, amarillos y ocres. Su pelo ya no es ondulado sino que lo tiene planchado y sus grandes ojos negros siguen tan vivarachos como siempre, eso sí, detrás de unas grandes gafas de pasta. Sin alardes refulge como lo hacía hace unos años y sin duda es por esa sonrisa que lo ilumina todo, que desprende alegría y entusiasmo, esa sonrisa!

Que la vida te sea siempre bella: https://www.youtube.com/watch?v=rVD19of6-a4